Moderador: Moderadora


Telémaco escribió:Ajena a nuestra adoración tribal, ella se rascaba la naríz con el antebrazo y yo, en cambio, soñaba con vestirla para desearla más.

Telémaco escribió:En una secuencia que se repetía a modo de bucle, cada nuevo parroquiano que entraba al bar tardaba apenas unos segundos, los mínimos indispensables para divisarla en la barra, en sufrir un súbito descolgamiento de mandíbula. Porque la joven era, de un modo totalmente inapelable, bellísima.
Todos la miraban hipnotizados, pero ella no miraba a nadie. Se limitaba a reinar absolutamente en aquel ámbito donde las máquinas tragaperras ejercían de maestras de ceremonias, y las raciones de calamares languidecían, seguramente desde varios dias atrás.
Quizá la perfección no sea una utopía inalcanzable, tal vez en otro lugar, en otra época y con esa joven de modelo, el maestro Fidias habría esculpido una figura que todavía hoy adorarían todos los estudiantes de arte. Bastaría con muy poco; quizá eliminar los aros enormes y dorados de sus orejas, que la raya pintada del ojo no terminase al final de las sienes, que el peinado no sufriese esa saturación de laca, ni el pantalón mostrase por delante un aro bantú en el ombligo y por detrás un tanga tan mórbido como canalla.
Ajena a nuestra adoración tribal, ella se rascaba la naríz con el antebrazo y yo, en cambio, soñaba con vestirla para desearla más.






Volver a A la Sombra de las Musas
Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 2 invitados